Esos son los segundos de ensoñación permitidos cuando te paras a imaginar tu mundo dentro de esa magnífica tienda, volando entre millones de fulares de seda que se acomodan en forma de montaña, con cientos de zapatos bailarines que se menean
através de la melodía repetitiva de su taconeo; acuden a la fiesta un par de gafas de sol cabalgando dos preciosos
clutch de plata y oro. Y ahí está llega el rey del baile, elegido por mayoría absoluta en votación, su Antiquísima aunque Esplendorosa Majestad; el
Birkin, enjaulado en oro cual ave del paraíso.
Y en medio de este impetuosisímo guateque, 'zas', se han pasado tus 3 segundos permitidos, vuelta a la realidad. Allí estas tú, una pequeña personita delante de ese escaparate propio de un país de las maravillas, país al que no conseguirás visado, al menos por ahora. Aunque ¿quién sabe?, decían que de los sueños a la realidad hay un gran trecho, pero ¿que es un gran trecho para una chica soñadora?
Por ahora, solo agradeceré a LV por crear nuestra droga a la ensoñación 'segundística'.


